Alice Milliat


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Cuando hablamos de Juegos Olímpicos a todos nos viene en mente el nombre del barón Pierre de Coubertin, su artífice y creador. Pero en aquellos albores del S.XX, si por la voluntad de Coubertin hubiera sido, las mujeres jamás habrían tenido un protagonismo significativo en los JJ.OO.
Citando sus propias palabras, “el deporte femenino no es práctico, ni interesante, ni estético, además de incorrecto”. Para el barón, “el único héroe olímpico auténtico es el deportista individual, masculino y adulto”. De ser por él no hubieran existido leyendas como Nadia Comaneci o Florence Griffith.
Sin embargo el movimiento deportivo femenino encontró una abanderada, la francesa Alice Melliat, quien siempre practicó deporte y pronto intuyó que los JJ.OO. eran su escaparate máximo pero no entendía que las mujeres apenas tuvieran acceso a ellos. Cuando estalló la I Guerra Mundial decidió tomar las riendas del sufragismo deportivo: si las mujeres eran suficientemente buenas para efectuar el trabajo de los hombres mientras éstos batallaban en el frente, también lo eran para ser Olímpicas. Alice fundó en 1915 el Club Fémina de París para promover el deporte entre las mujeres de la ciudad y tanto éxito tuvo su iniciativa que en 1919 creó la Federación de Sociedades Femeninas de Francia, germen del fenómeno deportivo femenino actual.
Relegadas a un papel secundario en el nacimiento del deporte moderno, pese a que se disputaban Juegos femeninos en la Antigüedad griega, las mujeres han recorrido un largo camino en la historia de los Juegos Olímpicos. Ausentes en los primeros Juegos Olímpicos de Atenas, en 1896, en los de Atenas 2004 representaron ya más del 40 por ciento de los atletas.
De las primeras concesiones que se les hicieron en los Juegos de París de 1900, para participar en golf y en tenis, y cuatro años más tarde en tiro al arco, el programa para las mujeres en los Juegos Olímpicos ha logrado un considerable avance. Hoy, la práctica femenina no conoce límites y el Comité Olímpico Internacional (COI) ha decretado que todo nuevo deporte tiene que incluir una prueba femenina para tener la posibilidad de ser incorporado al programa olímpico.
Alice Milliat falleció en 1957 en París sin comprobar su legado en todo su esplendor. Sin embargo, cada atleta olímpica actual es un homenaje a su memoria.